8.5.09

4. Caceria nocturna

Luz, seguida de un terrible estruendo, dolor, miedo, rabia. Un sin fin de emociones hacen presa en mi. El cazador me ha disparado y se dispone a hacerlo de nuevo, esta aterrado, puedo oler su miedo, quiero hacerle daño, pero mi instinto de supervivencia es mas fuerte. De un salto, salgo fuera del circulo de luz de la fogata, oigo una voz que llama, justo en mi dirección, otro hombre, otro cazador, viene con un perro, oigo su espiración acelerada y entrecortada al tirar de la correa, tengo que buscar otra salida. El animal tiene el control, no hay palabras en mis pensamientos, solo instinto. Rápidamente giro a la derecha, aun fuera del alcance de la luz, y empiezo a correr. Han soltado a los perros, sus ladridos llenan el bosque, de tal modo que no se oye nada mas. De pronto algo salta hacia mi desde atrás, el perro del segundo hombre, aferrándose con fuerza a mi muslo, duele, pero el dolor es disipado por la rabia, por la furia incontrolable del animal acorralado, me detengo y lo agarro con fuerza por la cabeza, tiro pero no suelta, noto como mis garras se hunden en su cráneo, sin ninguna dificultad, y siento como afloja su presión. Levanto el cuerpo inerte del mastín con una mano, lo observo por un momento, y después lo lanzo lejos. Oigo al resto cerca, tres o cuatro mas, sus olores me vienen en varias direcciones, me quieren acorralar. Parte de mi vuelve, ahora mas calmado, y, por primera vez consciente de la forma que he tomado, de la fuerza que ahora poseo, me miro las manos, pero ya no son tales. Sonreiría, pero no tengo una boca que pueda hacerlo. Quieren cazarme? verán quien es el cazador aquí. No, esto esta mal, debería huir, no quiero ser un monstruo asesino. Están muy cerca ya, oigo ruidos de ramas a la izquierda, vienen de unos arbustos, los perros. Sus dueños están lejos aun, pero puedo olerlos también. Me encaro al primero de los mastines en llegar, se detiene, me gruñe, puedo oler su miedo, que me hace sentirme mas seguro, me abalanzo sobre el con garras y dientes, no tiene oportunidad. Dos mas llegan, pero el olor de muerte hace que uno huya cuando me giro hacia ellos y les gruño. El segundo no es tan listo y se lanza a por mi. Lo agarro en el aire con ambas manos y de un movimiento le parto el cuello. Disfruto con ello, aunque otra parte de mi no. Descubro, con cierto horror, que es mi parte humana la que disfruta, mientras el animal solo quiere huir y ser libre yo quiero hacerle daño a quien me lo ha hecho a mi. No quedan mas perros, el olor del huido se dispersa y no puedo oírlo. Entonces detecto algo mas en el aire: el hedor del miedo primordial, el miedo de la presa. Los hombres han oído la pelea con los perros e intentan escapar. Sus sonidos ya no se acercan. Lanzo un aullido profundo y largo y me dispongo a tomar mi verdadero papel en este bosque, hora de cazar, hora de comer.

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